Traficante de emociones...

En aquel pedazo de acera húmeda me he sentado por un rato... no he podido seguir; el vaivén de la vida, los caminos que transitamos y lo que con ella pasamos me ha demandado sentarme, de otra forma no podría seguir...

Ahí sentada vi la lluvia caer, vi la corriente de agua que pasaba por la alcantarilla y entre ella algunas lágrimas perdidas...

Aquel ir de aguas también llevaba hojas secas y besos, iban palabras revueltas con sentimientos, algunas hojas de papel arruinadas, emociones, ilusiones, afecto y hasta pasión partían por el mismo drenaje...

Por horas y bajo la lluvia observé la misma corriente... decidí entender dónde iba a caer todo... clavé mi mirada en el fondo de aquella ruidosa alcantarilla y no disimulé mi asombro...

Entre el agua estancada de aquel hueco sin fondo habían rosas, cartas, lunas... entre el agua suspendían sonrisas, sueños, promesas... allí parecía desembocar lo que duele, lo que lastima, lo que termina y hiere...

Retrocedí de pronto y busqué... busqué en otras esquinas, en otros pedazos de acera húmeda... y ahí estaban... por aquí y allá amantes sin su otra parte, cada quien en su dolor.

Caminé lento y me senté al lado de quien hallé primero. Ella lloraba porque él se fue y no entendía las razones, el porqué... quise aconsejarle que no tratara de encontrar explicaciones, a veces no se puede entender, a veces sólo es lo que es... (silencio)... le entregué lo que ella había tirado por la alcantarilla...

Seguí mi andar, me senté a su lado... él, con la mirada perdida sufría porque trató de dar lo mejor, insistió, luchó, buscó a su amor, pero ella... ella de alguna forma no estaba... traté de explicarle que no podía solo, que el amor es un arte para dos y a veces las otras partes solamente no están... me fui... pero antes le entregué lo que él había botado por la alcantarilla...

Encontré a una tercer amante sola, que entre gruesas lágrimas repasaba lo vivido, recordaba cada palabra con que ella la ilusionó, los pocos minutos que vivieron juntas, cada gesto y manifestación... le aseguré que no siempre tenemos lo que deseamos, que hay que luchar por metas y sueños, pero no por ilusiones que guarda nuestro corazón... le entregué lo que había lanzado por la alcantarilla... me levanté y me fui...

Caminé muy despacio bajo el aguacero con las manos entre las bolsas y recibiendo agradecida la lluvia en el rostro, lluvia que al fin y al cabo disimulaba las lágrimas que lloraba...

Caminé por largo rato y después de algún tiempo escuché entre los charcos, un paso precipitado que trataba de alcanzarme. Di la vuelta y ella... -la última amante- venía a entregarme lo que yo había botado por la alcantarilla...

Una sonrisa significó la despedida y un agradecimiento recíproco por devolvernos aquello que no hemos perdido...

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