La noche me dejó con Wilson...

Salí a caminar ya sin lluvia, ya no escondo mi rostro...
Saqué cita con la noche y ella aceptó... caminé siempre lento y le conté lo que sentía, me sinceré con ella, la brisa golpeaba mi rostro como enfurecida...

La noche escuchó mi voz que se convertía y agonizaba en mi garganta... la brisa volvía a golpear... pero yo, yo... seguí hablando... tartamudeando quizá...

El frío influía en mi andar trémulo y en la voz entrecortada... el aire fresco entraba entre los hilos de mi pantalón roto que se desconcían con cada paso...

Caminaba sin sentido siguiendo mis pasos con la mirada y buscando en cada esquina una alcantarilla donde tirar lo que sentía...

Seguía... andaba... y cada esquina me desmoronaba...

Adelante... aún sin llegar al próximo drenaje visualicé de lejos a un hombre araposo que se esforzaba arrodillado por sacar algo de esa alcantarilla... apuré mi paso, llegué a él y le pregunté casi enojada “¿qué hacía?”...

No respondió... tampoco volvió su mirada...
¿Qué está haciendo? – le pregunté insistente y marcando el acento...
Silencio...

Se levantó con dificultad y siguió su camino cojeando en su despreocupado andar... lo seguí... caminé intrigada un paso detrás suyo... casi que arremedaba su ritmo... era como si tuviera que estar ahí...

Volvió su mirada un par de veces... dijo llamarse “Wilson no se qué...”... aunque oi a mucha gente llamarle “indigente”, “vagabundo”...

“¡Mmm sos una persona respetable!” - le dije - siempre estando un paso atrás - “¡te saludan de largo...!”... el sonrío irónico...

Caminamos, yo siempre atrás... Se sentó en un muro y yo hice lo mismo; dejamos colgar nuestros pies... La noche me dejó con Wilson...
Silencio inicial... sólo nos habíamos encontrado... él no me veía, no me daba la cara...

- “¡No botés más nada a la alcantarilla!”, me dijo de repente...
No me dejó recuperarme de mi asombro cuando volvió a hablar -“no lo botes, es tuyo, sale de tu adentro, te pertenece...”

Perpleja lo miré, sentía todo aquello como una burla en mi cara pero también sentía que sus palabras sólo eran para mí... Abrí mis labios para hablarle pero dijo: “y deberías tratar de no decir palabra alguna... escucha...”

Para ese momento estaba absolutamente sorprendida y continuó diciendo (aún sin mirarme): “lo que vos has dado y lo que se te quedó por dar no tiene porqué ser tirado... cada uno de tus sentimientos vale, no dejes que se vayan... son tuyos, son parte de vos... ¿no te das cuenta que es tu escencia la que estás dejando ir...?

Yo... para ese momento extraviada y confusa no dejé de mirarlo... seguía cada uno de sus movimientos y a mis ojos los cubría cierta bruma: “Llora, tranquila, sí llora... revolcáte en tus sábanas, escribí, grita si querés, enojate, reprochá, abrí tus heridas, reventá... ”

Acomodó su escurrido cuerpo y en medio de algunos movimientos sacó del bolsillo de su sucio pantalón un monton de sentimientos ahogados... ¡eran todos míos!, los reconocí a primera vista... ¡eran todos míos!...

Por primera vez me miró fijamente y entregándome aquel puño de emociones inertes, empapadas de agua me dijo: “escurre el dolor de tus sentimientos y no te sientas mal de haber amado... amar no es un error...” y dejándome en silencio se marchó...
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1 comentario:

Nana** dijo...

A veces me duelen tus dolores, veo con tus ojos y me duelen las mejillas con lágrimas tan pesadas...

A veces siento que trago con tu garganta, que veo mi reflejo en el mismo charco mojado que te viste con los ojos empapados...

A veces tu brisa es la mía... sí la misma que te dió en el pecho y que se devolvió a contarme de vos... de tu alegría triste, de tu de tu sonrisa que temblaba....

A veces me duelen tus dolores...

Nana**