Violines, por no decir lágrimas...
¡Qué suenen!
Que invadan el aquí y el ahora,
que llenen con su melodía el silencio.
Que cada nota se lleve de mí el aire,
cada acorde mis memorias,
y el ritmo apresure las siguientes horas.
Fin.
¿Te hablé de Juana?
¿Te hablé de Juana hace unos meses?
¿Te hablé de Juana antes de irme o cuando llegué?
¿Te hablé de Juana antes o después?
Creo que a nadie le conté de Juana.
Solo al viento le hablé de Juana,
sabía que lo de Juana no iba pá´ ningún lado
así es que es mejor no hablar de Juana.
Y a Juana le conté de Juana... y ella sonrió.
Y Juana va y viene, va y viene.
Es un vaivén en mis pensamientos la tal Juana.
Y sabemos la una de la otra de vez en cuando... y ella allá y yo aquí.
Y lo cuento así... así como si no fuera, porque no fue.
Hoy amanecí pensando en Juana,
pero a Juana no le diré que hoy amanecí pensándola.
Juana ya sabe que me quedé y ella se fue,
pero no sin antes yo irme y ella quedarse.
Y entonces un día
el cielo se desnudó frente a sus ojos,
el sol le abrigó la piel,
y el viento robó para siempre sus lágrimas.
Del filo de sus labios brotó una sonrisa,
despertó su baile,
se escuchó su canto,
la tierra retumbó bajo sus pies.
La brisa -como cual bálsamo- sorprendió su rostro,
y el tiempo se hizo nada,
y la nada le robó el aire.
Y así... -envuelta en murmullos-
se entregó nuevamente al compás de la vida,
a la melodía de la respiración,
y al vaivén de sus intensos latidos.
Pedacitos de ayer, y la memoria abusa de mi permiso. ......................................ç
Omitiste mi lado turquesa, y corriste hacia el otro sur.
5:30 am. Suena el despertador. Detengo el despertador.
Un rato a solas conmigo, y otro a solas con vos.
Sentada al borde de la cama, y después de 2 largas horas, Amanda aún trataba de reconocerse. Observó lentamente y en detalle cada uno de sus movimientos, repasó cada línea de sus manos como queriendo que le contaran su propia historia, percibió uno a uno sus sentidos y entonces comenzó a entender quién era.
Desde sus 11 años María tenía el hábito de tomar diariamente un vaso con jugo de limón, apio, zanahoria, perejil y ajo. Su abuela le mentiría alguna vez al decirle que era una receta para mantener los ojos con brillo, y aprovechando su vanidad lograr darle un remedio para fortalecer su corazón.
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